No es cuestión de echar la vista atrás. Pero 41 años de celebración ininterrumpida, pese a soles y lluvias -o quizás gracias a las inclemencias y bondades climatológicas, que de todo hemos disfrutado-  bien merecen un alto en el camino y una breve mirada a los años transcurridos desde aquella primera marcha de 1977 con salida y final en la iglesia parroquial de San Francisco Javier de Nuevo Baztán, el pueblo más navarro de la Comunidad de Madrid. El origen de esta magna manifestación de fé de los navarros de Madrid, y de cuantos se suman a nosotros en esta marcha, se debe a la Comisión de Navarros en Madrid, capitaneados por Javier Lizarza y el sacerdote D. Pedro Sanmartín y otros. Ni tan siquiera la Real Congregación figuraba entonces, en  aquellas primeras peregrinaciones, entre los pioneros de esta constatación religiosa de la navarridad.

Cuarenta y un años son suficientes para trazar un balance. Porque gracias a aquel puñado de voluntariosos y entusiastas congregantes navarros que emprendieron, m hace ya 41 años, el Via Crucis penitencial, como recuerdo de la marcha al Castillo de Javier que nuestros paisanos celebran cada mes de marzo en el Viejo Reyno, hemos llegado hasta hoy. Por ello, la Real Congregación de San Fermín de los Navarros, en colaboración con la Asociación Cultural Navarra y otras organizaciones navarras de Madrid, convoca cada año una Javierada -aunque infinitamente más modesta, pero con igual corazón y devoción- hasta la Iglesia de Nuevo Baztán de la que es titular el santo co-patrono de Navarra.

La Javierada original, que se lleva a cabo en Navarra y que este año ha cumplido su septuagésimo octava edición, convoca a una marcha a pie hasta el Castillo de Javier desde todos los puntos de Navarra (en concreto, su distancia de Pamplona es de unos 45 Kilómetros). Esta caminata, como también gustan denominar algunos,  se mantiene desde los años 40 y se celebra coincidiendo con la Novena de la Gracia, que conmemora la canonización del Santo. Este año, el Arzobispo de Pamplona convocó dos marchas (al igual que los últimos años) para los días 3-4 y 10-11 de marzo.  La marcha de los navarros de Madrid se celebró el domingo 11.

Aunque en un principio la terminología de la época gustaba denominar el evento como “Marcha a Javier”, terminó imponiéndose la denominación de “Javierada”, término navarro con el que se bautiza, desde hace largos años, la que es la peregrinación navarra por excelencia. Denominación que también se aplica a la Javierada madrileña.

Con el paso de los años, nuestra celebración, auspiciada desde el primer día por la Real Congregación, ha ido ganando en edad, concurrencia y  entusiasmo. Hasta el extremo de que un Papa -y santo: San Juan Pablo II- nos dirigió un cariñoso y entrañable  mensaje al tiempo que otorgaba la Bendición Apostólica a los participantes en aquella Javierada que alcazaba, en 2002, sus bodas de plata.

Los años han pasado y nuestra Javierada sigue fiel a la cita de cada segundo domingo de marzo. En esta convocatoria, la cuadragésimo primera, se registró una asistencia no tan notable -aunque sí  igual de entusiasta- como en años anteriores, porque el tiempo no invitaba a caminar.

De entre los actos programados, diluvie o haga un sol de justicia, el más destacado es la celebración de una Misa solemne al aire libre en la plaza del Secreto (que, si el tiempo no lo permite, como en esta última edición, se celebra en el interior de la iglesia parroquial, al igual que el Via Crucis) presidida por un prelado o un sacerdote navarro ilustre, auxiliado por un grupo de sacerdotes y misioneros navarros que participan en la celebración.

Algunos tarjetones de las últimas Javieradas