300 años del Nuevo Baztán

La Real Congregación de San Fermín de los Navarros de Madrid invitó a los naturales del Viejo Reino de Navarra residentes en la capital, a sus familiares y a los simpatizantes, a la Javierada del Nuevo Baztán, en su XL celebración, el primer domingo de marzo. Un acto de peregrinación, con viacrucis, misa solemne y comida de hermandad, que reproduce a pequeña escala la gran Javierada de Navarra, con la intención de unir en un mismo espíritu piadoso a quienes, naturales y oriundos de aquella tierra, rinden anual tributo de devoción a su Santo Patrono.

La primera Javierada del Nuevo Baztán se celebró en 1978 por iniciativa de la recién constituida Comisión de Navarros, una entidad de circunstancias de la que fue alma mater nuestro añorado Javier Lizarza. La Comisión alzaba su voz entonces frente a la posibilidad, en el candelero con motivo de la articulación azarosa del mapa de las autonomías, de que Navarra quedase absorbida por la preautonomía vasca; promovió ese y de otros actos más profanos de afirmación navarra y española y, al final, logró conjurar la tormenta que se cernía sobre Navarra. Un éxito que sin embargo fue parcial, porque no pudo evitarse la inclusión en la Constitución de la ominosa disposición transitoria cuarta, inquietante siempre y hoy más que nunca, cuando la presión del nacionalismo vasco, desde fuera y dentro de Navarra, está adquiriendo un impulso temible, propiciado por políticas funestas, educativas, culturales y de otra índole, también por la miopía culpable de una clase política atenta sólo a intereses coyunturales. Buen motivo todo ello para implorarle a San Francisco Javier que acuda una vez más en nuestro socorro.

El Nuevo Baztán es una localidad situada a 50 kms. al Este de Madrid, cuya edificación, sobre despoblado, fue iniciativa de un navarro célebre, natural del valle de Baztán, don Juan de Goyeneche. La terminación del núcleo central del complejo urbano y fabril de Nuevo Baztán, es efemérides cuyo tercer centenario acaba de producirse, pues es así que, no obstante las imprecisiones que rodean a su cronología, se sabe que fue edificado entre 1709 y 1713.

Don Juan de Goyeneche (1656-1735) es una personalidad histórica de primer rango, cuya vida transcurrió en el complicado período que transcurre entre el siglo XVII y los comienzos de Ilustración. Se ganó el aprecio de Carlos II y de Felipe V, y por el volumen y la diversidad de sus empresas financieras y fabriles, a partir de 1690, es un exponente de la recuperación económica que entonces comenzó a registrarse en España, en una etapa en la que no todo fue decadencia como suele afirmarse. Puede decirse que fue la personalidad más saliente de esa “hora navarra del siglo XVIII” que describiera Julio Caro Baroja.

Natural de Arizcún, en el Baztán, sexto hijo de una familia de noble abolengo y bien posicionada, Goyeneche se desplazó muy joven a Madrid, donde estudió en el Colegio Imperial de la Compañía de Jesús, entidad selecta de rango universitario. Tuvo pronto acceso a la Corte, en la que desempeñó diversas funciones, Tesorero General de Milicias y, más adelante, las tesorerías sucesivas de las reinas Mariana de Neoburgo, María Luisa de Saboya e Isabel de Farnesio, cargos que le proporcionaron experiencia burocrática y financiera a la vez que excelentes relaciones. Inteligente, culto y con un espíritu de iniciativa nada común, no se conformó, a medida que amasaba una fortuna respetable, con vivir de las rentas, sino que se embarcó en empresas financieras y fabriles de envergadura, algunas tan novedosas como arriesgadas. Fue hombre de ideas reformistas, afecto a las doctrinas de Colbert, inspiración que fomentó su temprana relación con el conde Oropesa, primer ministro de Carlos II entre 1685 y 1691, promotor de una política económica decididamente reformista, que había nacido en Pamplona cuando su padre desempeñaba el cargo de Virrey de Navarra. En 1684, cuando un grupo de navarros residente en la capital del reino fundó la Real Congregación de San Fermín de los Navarros, Oropesa ocupó el cargo de primer asistente y Goyeneche el de celador de pobres. Tenía a la sazón 28 años. Con el tiempo, Goyeneche se convirtió en el centro de una red de personas emprendedoras y bien situados, ubicados en Navarra y Madrid, también en Cádiz e Indias. Entre sus amigos merece citarse a Juan Bautista de Iturralde (1674-1741), Marqués de Murillo, arizcundarra como él, que fue ministro de Hacienda de Felipe V. Nunca Goyeneche renunció a sus raíces en Navarra, a las que prestó siempre gran atención.

Las actividades financieras y empresariales de Goyeneche fueron múltiples. Se inició con el arrendamiento de las Aduanas de Navarra, con otros empresarios. Durante la Guerra de Sucesión, proporcionó un apoyo de peso a Felipe de Anjou, cuya causa abrazó con decisión; actuó como financiero del monarca y organizó compañías y fábricas para el abastecimiento de la flota y pertrecho de la infantería. Su contribución al triunfo final de los Borbones fue destacada.

La actividad de Goyeneche que más fama le ha dado, aunque la más rentable, son sus empresas de promoción industrial, en la línea del mercantilismo, dirigidas a la introducción de nuevas técnicas productivas y a la recuperación de zonas deshabitadas. Reflejan una personalidad valiente, creativa e interesada en el bien común patrio. Destacan los centros fabriles que edificó en la Olmeda y, sobre todo, el de Nuevo Baztán, en el que contó con la colaboración del gran arquitecto José Benito de Churriguera. Nuevo Baztán constituye el principal precedente de las célebres Nuevas Poblaciones de Pablo de Olavide en Sierra Morena y Andalucía. Es tema del que habremos de ocuparnos con más detalle.

Goyeneche fue, en suma, en palabras de Alfredo Floristán, un tipo de noble asimilable al de otras regiones de Europa, “que no despreciaban el trabajo a pesar de su nobleza de sangre, que eran innovadores en sus actividades económicas, y austeros, cultos y sinceramente religiosos en la vida privada”. Una clase de hombres que contradicen un cierto estereotipo de lo “español” alimentado por la leyenda negra.

ANDRÉS GAMBRA