El Tributo de las Tres Vacas

El 24 de enero de 2011, el Gobierno de Navarra ha declarado Bien de Interés Cultural al Tributo de las Tres Vacas, ceremonia que tiene lugar cada año, el día 13 de julio, en el collado de Ernaz, en la muga hispano-francesa que delimita los valles de Roncal y de Baretous. Debido a la coincidencia de su fecha con los Sanfermines, la celebración del Tributo suele relegarse a lugar secundario en la prensa navarra de ese día, sin el relieve que debiera corresponderle en atención a su significado histórico. No está de más que nuestra Real Congregación, consciente de ese indeliberado desdoro derivado de la celebración de nuestro Santo, le brinde en su Boletín el testimonio de su respeto con ocasión de ese importante reconocimiento oficial.

Los historiadores afirman, sobre razones bien fundadas, que la celebración del Tributo de las Tres Vacas da cumplimiento anual a las estipulaciones del tratado internacional más antiguo vigente en Europa, circunstancia sin duda relevante. El ceremonial actual se adecua a las prescripciones de una sentencia del año 1375, emitida por las autoridades de Ansó, cabeza del valle aragonés de ese nombre, colindante con los de Roncal y Baretous, que actuaron como mediadores con la intención de poner término a una etapa de enfrentamientos sobre pastos y fuentes, en ocasiones muy violentos, en los que a la sazón se enzarzaban con frecuencia roncaleses y baretoneses.

Relieve del coro de la iglesia parroquial de Isaba

La sentencia establece que los “dichos baratones (sic) den et paguen por cada un anno perpetuamente, de aquí adelante, las dichas tres vacas”, como “siempre usaron et acostumbraron” hacerlo, expresión alusiva a la antigüedad inmemorial del tributo, anterior a todas luces a 1375, que muchos autores suponen milenaria. Entre ellos Fernando Hualde, docto cronista del Valle de Roncal. La entrega debía realizarse allí donde hoy sigue celebrándose el Tributo, sobre la piedra de San Martín, secular mojón fronterizo que, a mediados del siglo XIX, fue remplazado por otro convencional, con el número 262.

El Tributo de Tres Vacas sella la paz entre los dos valles, garantizando el disfrute de pastos en común en las áreas fronterizas. Tradicionalmente se ha considerado que respondía en su origen a una capitulación de los baretoneses, derrotados por los roncaleses en un remoto conflicto pastoril; hoy los historiadores, más irénicos, opinan que formaba parte de un acuerdo sinalagmático entre iguales, no humillante. En esa dirección apunta, tal vez, el hecho de que las condiciones del reparto anual de pastos son parcialmente más ventajosas para los ganaderos de Baretous. Sea de ello lo que fuere, el Tributo formaliza una facería o acuerdo de disfrute compartido de pastos, figura de derecho privado frecuente en el reino de Navarra, con alcance internacional en este caso.

En la ceremonia del 13 de julio se dan cita los representantes de Roncal, ataviados con el atuendo tradicional –sombrero roncalés, capote negro, valona y calzón corto- y los de Baretous, vestidos de domingo y con la banda tricolor francesa cruzada sobre el pecho. Merece la pena asistir al acto, por sus antiquísimas resonancias y la nobleza de los gestos. El acto central consiste, tras la entrega de las vacas, en la yuxtaposición de manos sobre el mojón de San Martín: el último en poner la suya es el alcalde de Isaba que, por tres veces, pronuncia la fórmula solemne Pax avant –que la paz continúe-. Quienes asistan al acto, deseando tal vez descansar de los ajetreos sanfermineros, pueden participar, si tienen suerte, en el ágape que el alcalde de Isaba ofrece a autoridades e invitados en una monumental carpa.

El collado de Ernaz se sitúa a 1.750 m. de altura, sobre el impresionante karst de Larra, hecho de dolinas y poljés, pétreos cráteres sin escorrentía superficial, cuyas aguas se filtran en las grietas del roquedo calizo para reaparecer en cotas muy inferiores, sobre los cañones circundantes, entre otros los de Holzarte, Kakueta y Ehuajarre, a través de resurgencias y cascadas. De la singularidad geológica de esos parajes da cuenta el hecho de que a pocos metros de la Piedra de San Martín se encuentra la entrada de la Sima del mismo nombre, una de las más profundas y ramificadas de Europa.

Otrora, no ha mucho tiempo en realidad, para llegar desde Belagua a la Piedra de San Martín era preciso pasar la noche en el monte y recorrer a pie o en caballería, madrugando mucho, una zigzagueante e interminable senda, las más de las veces entre boiras espesas hasta bien entrada la mañana, sin otra referencia espacial que la figura, inquietante entre la bruma, de los llamados pinos negros, de rara y antiquísima especie. Hoy las cosas han cambiado mucho y, gracias a la carretera internacional construida por ambos valles, el recorrido se realiza con rapidez. Así son las cosas: el misterio del antiguo trayecto, arduo pero muy sugestivo, con resonancias de tiempos primordiales, ha cedido el paso a la comodidad, muelle pero anodina, del tráfico moderno.

El escenario del Tributo se conserva intacto en toda su grandiosidad. En el arco montañoso que constituye el imponente telón de fondo de la ceremonia, se avista en primer término el Arlas, cima de la estación de esquí de Arette, la más occidental del Pirineo; en un segundo plano, cercano, se yergue el pico de Anie, pirámide imponente de blanquecina caliza (2.504 m.) que domina el horizonte, y, en línea con él, hacia el sur, la Mesa de los Tres Reyes (2.442 m.), cuyo nombre pregona la coincidencia en esos parajes de los históricos reinos de Navarra, Aragón y Francia, pues en su cima podrían sus monarcas sentarse, sin salir de sus respectivos territorios, alrededor de la misma mesa.

Roncal, sede de una antiquísima cultura en trance de transformación, ha estado siempre abierto de muchos modos a los territorios y países circundantes. Se trata de un territorio profundamente navarro y español –aunque haya hoy quien pretenda otra cosa- cuyos habitantes han sabido a lo largo de los siglos defender lo propio y, también, servir con generosidad y valentía a intereses más amplios, como sucedió, en servicio de España, durante la Guerra de Convención y, luego, en la Guerra de la Independencia, en hechos de armas memorables cuyo bicentenario se celebra en la actualidad. En otra ocasión hablaremos de ello.

ANDRÉS GAMBRA