El día 25 de septiembre, la Iglesia conmemora el martirio de San Fermín; fiesta conocida entre los navarros y pamploneses como San Fermín Chiquito. Antiguamente, ésta era la fiesta principal de Pamplona. Hasta que, por una bula papal, se estableció el día 7 de julio como día grande –pero no único– para honrar al Santo Copatrono de Navarra (patronazgo que comparte con San Francisco Javier)

“San Fermín” por José Ximénez Donoso
La historia de Fermín (c. 272 – Amiens, 25 de septiembre de 303), no por repetida es suficientemente conocida fuera de los límites forales, Según la leyenda, nació en el siglo III en Pompaelo (la actual Pamplona). El padre de Fermín era senador y ocupaba un alto en el gobierno de la ciudad de Pamplona, donde vivían. Firmo y Eugenia, que así se llamaban los padres de nuestro santo eran gentiles. Un día, camino del templo, conocieron a un sacerdote llamado Honesto (que también sería santo) que los contó que venía de Toulouse, en la Galia (actual Francia), y que era capellán del obispo Saturnino (hoy, patrono de Pamplona), quien le había enviado a Pamplona para expandir la fe cristiana y convertir a sus habitantes. Firmo y Eugenia mostraron su agrado e interés por la fe de Honesto y mostraron, al término de muchas y largas conversaciones, convertirse a la nueva fe si eran bautizados por Saturnino
Honesto contó a Saturnino -Sernin o Cernin, en francés, que así se le conoce también en Pamplona- lo que había hablado con Firmo y el obispo se puso camino de Navarra para bautizar a Firmo y su familia junto con otras muchas personas. Al poco tiempo -cuenta la piadosa tradición cristiana- había abrazado el cristianismo toda la ciudad de Pamplona. Uno de los bautizados fue el pequeño Fermín, que tan sólo tenía diez años de edad. Tan hondo caló en él su fe que, bajo la dirección de Saturnino, profundizó en el conocimiento del cristianismo y más tarde fue ordenado presbítero. Trasladado a Toulouse, y bajo la dirección de Honorato, el sucesor de Saturnino que también llegaría a santo- completó su formación y fue ordenado obispo de Amiens

Vidriera de la Colegiata de Roncesvalles que representa su martirio.
Para quienes estén interesados en datos sobre el martirio de San Fermin, la hagiografía cristiana precisa (y así consta en “El Santoral de Luis Carandell”, Ed. Maeva, Madrid, 1996) que, tras ser nombrado Obispo de Amiens y no contento con evangelizar su obispado y mientras crecía en su alma el generoso deseo de de ganar la corona del martirio -recoge el relato-, se trasladó a Francia -Aquitania, Auvernia, Anjou, Normandía…- donde supo de la existencia de prefecto llamado Valerio, enemigo mortal de los cristianos, que ordenó su encierro en la cárcel. A la muerte del prefecto, su sucesor, Sergio, le puso en libertad, lo que le dio ocasión de predicar en lo que hoy conocemos como Países Bajos. Finalmente, entró en la ciudad de Amiens, cuyo Gobernador, Riccio Varo, mandó que fuese decapitado, a mediados del Siglo IV.
Nuestra Real Congregación viene celebrando desde tiempo inmemorial esta festividad del martirio de San Fermín; martirio al que se debe la tradición de llevar un pañuelo rojo anudado al cuello, en recuerdo de su degüello, provocado por mantener su fe cristiana. Con este motivo, se celebra, a las 20:00 h. de cada 25 de septiembre, una Eucaristía presidida por el capellán de la Real Congregación.
Por indicación expresa de nuestro Viceprefecto, Amalio de Marichalar y Sáenz de Tejada, Conde de Ripalda, todos cuantos lean esta breve reseña biográfica están invitados a compartir con nosotros esta piadosa conmemoración, tan querida especialmente por los oriundos de Pamplona y los navarros en general y sus descendientes, porque San Fermín es el co-patrono de Pamplona y la conmemoración de su martirio constituye un homenaje piadoso a la memoria del primer obispo navarro y, por ende, el primer mártir navarro de la historia.
Real Congregación de San Fermín de los Navarros